
Corolario electoral
La verdad no peca, sólo saca ronchas a la vanidad. Las elecciones sacan algo más que simples ronchas, sacan a los que están en el poder, hombres y partidos.
Como en toda contienda, es lógico que haya muchos competidores y un solo ganador. Habrá quienes reconozcan los resultados, pero también quienes se sientan robados o aplastados por condiciones reales o ficticias que les permitan justificar la derrota ante los ojos de los correligionarios, porque aquí en México se vive también de la derrota ¡y se vive bien! Para ejemplo hay muchos partidos y legisladores a los que no se les conoce oficio ni beneficio, pero que cada mes tienen la chequera llena por obra y gracia de nuestra imperfecta pero “bendita” democracia.
Las elecciones no son sólo partidos políticos, también hay reglas e instituciones que las aplican. Se pretende en términos genéricos que la transmisión pacífica del poder a través de las elecciones, se presente en términos equitativos para los contendientes, de tal manera que nadie se llame robado o sorprendido con los resultados. Cuando las reglas no funcionan o están desfasadas se cambian o adecuan como ha sucedido en el pasado reciente.
Destaca, sin lugar a dudas, la regulación a los medios electrónicos. Se trató de un golpe aparente porque al final los medios han seguido vendiendo paquetes a todos los partidos con el disfraz de noticias, entrevistas y reportajes, que entran dentro del limbo de lo que manejan bajo el amparo de la “libertad de expresión”.
Se regulan las causas y condiciones para que pueda presentarse el recuento de los votos en los consejos distritales, lo cual ha originado una nueva forma de provocar la alteración de resultados y que consiste en anular boletas del partido contrario al momento del escrutinio y computo en la casilla, mismo que solamente conoce quien lo efectúa físicamente al elaborar el paquete con el expediente electoral, pero que aparece en el recuento con una gran diferencia entre los votos nulos de las actas de la casilla, contra los votos nulos que se encuentran en el recuento.
Este ensayo de nuevo tipo de fraude queda lejos de sanción, como también queda la compra del voto el día de la jornada electoral y que normalmente manejan todos los partidos políticos, que incluso, se pelean por los lideres de barrios y colonias que puedan comprar las voluntades de sus agremiados, amigos y afiliados. El permitido activismo partidista del día de la elección, es el padre y pretexto ideal de la operación tamal, carrusel, acarreos y otras linduras para la compra de votos; éste activismo debe suspenderse a partir de la conclusión de las campañas y prohibirse para el día de la jornada electoral ¿Acaso no son suficientes 90 días de campaña, mas los de precampaña, para convencer a propios y extraños?
Para los partidos políticos las sanciones penales y económicas que se les puedan imponer por irregularidades les siguen saliendo baratas mientras ganen el municipio, el estado, distrito o la presidencia de la República. No existe un mecanismo de imposición de sanciones que efectivamente castigue o de menos inhiba la trampa electoral.
Se requieren revisar los tipos penales de carácter electoral y adecuarlos a las nuevas condiciones de la contienda electoral, pero con una autoridad que los haga efectivos, que sea autónoma y que para su desempeño no requiera rendirle cuentas a ningún partido político, porque hasta la fecha todas las procuradurías de justicia están pintadas del color del partido que gobierna en su ámbito de competencia y para el cual finalmente trabajan. Esto incluye a la lenta e ineficaz FEPADE, que por lo regular resuelve mucho tiempo después de las elecciones, cuando los delincuentes ya tienen fuero como diputados o senadores y entonces como dijéramos coloquialmente: ¡ya para qué!
Como en toda contienda, es lógico que haya muchos competidores y un solo ganador. Habrá quienes reconozcan los resultados, pero también quienes se sientan robados o aplastados por condiciones reales o ficticias que les permitan justificar la derrota ante los ojos de los correligionarios, porque aquí en México se vive también de la derrota ¡y se vive bien! Para ejemplo hay muchos partidos y legisladores a los que no se les conoce oficio ni beneficio, pero que cada mes tienen la chequera llena por obra y gracia de nuestra imperfecta pero “bendita” democracia.
Las elecciones no son sólo partidos políticos, también hay reglas e instituciones que las aplican. Se pretende en términos genéricos que la transmisión pacífica del poder a través de las elecciones, se presente en términos equitativos para los contendientes, de tal manera que nadie se llame robado o sorprendido con los resultados. Cuando las reglas no funcionan o están desfasadas se cambian o adecuan como ha sucedido en el pasado reciente.
Destaca, sin lugar a dudas, la regulación a los medios electrónicos. Se trató de un golpe aparente porque al final los medios han seguido vendiendo paquetes a todos los partidos con el disfraz de noticias, entrevistas y reportajes, que entran dentro del limbo de lo que manejan bajo el amparo de la “libertad de expresión”.
Se regulan las causas y condiciones para que pueda presentarse el recuento de los votos en los consejos distritales, lo cual ha originado una nueva forma de provocar la alteración de resultados y que consiste en anular boletas del partido contrario al momento del escrutinio y computo en la casilla, mismo que solamente conoce quien lo efectúa físicamente al elaborar el paquete con el expediente electoral, pero que aparece en el recuento con una gran diferencia entre los votos nulos de las actas de la casilla, contra los votos nulos que se encuentran en el recuento.
Este ensayo de nuevo tipo de fraude queda lejos de sanción, como también queda la compra del voto el día de la jornada electoral y que normalmente manejan todos los partidos políticos, que incluso, se pelean por los lideres de barrios y colonias que puedan comprar las voluntades de sus agremiados, amigos y afiliados. El permitido activismo partidista del día de la elección, es el padre y pretexto ideal de la operación tamal, carrusel, acarreos y otras linduras para la compra de votos; éste activismo debe suspenderse a partir de la conclusión de las campañas y prohibirse para el día de la jornada electoral ¿Acaso no son suficientes 90 días de campaña, mas los de precampaña, para convencer a propios y extraños?
Para los partidos políticos las sanciones penales y económicas que se les puedan imponer por irregularidades les siguen saliendo baratas mientras ganen el municipio, el estado, distrito o la presidencia de la República. No existe un mecanismo de imposición de sanciones que efectivamente castigue o de menos inhiba la trampa electoral.
Se requieren revisar los tipos penales de carácter electoral y adecuarlos a las nuevas condiciones de la contienda electoral, pero con una autoridad que los haga efectivos, que sea autónoma y que para su desempeño no requiera rendirle cuentas a ningún partido político, porque hasta la fecha todas las procuradurías de justicia están pintadas del color del partido que gobierna en su ámbito de competencia y para el cual finalmente trabajan. Esto incluye a la lenta e ineficaz FEPADE, que por lo regular resuelve mucho tiempo después de las elecciones, cuando los delincuentes ya tienen fuero como diputados o senadores y entonces como dijéramos coloquialmente: ¡ya para qué!
@acidocid es especialista en elecciones.





